El taller, la escritura y la isla

El camino

Hace más de veinte años, del otro lado del mar, mi mamá me habló de un escritor que le gustaba mucho. Era Juan José Millás y lo que le fascinaba era su capacidad para hacer irrumpir lo inesperado en lo cotidiano: esa manera tan especial, profunda e insólita de ver las cosas.

Hace unos doce años, de este lado del mar, mi amiga Marta me recomendó un libro de Millás, El orden alfabético. Lo compré y leí y releí hasta que tomó el color amarillento que tiene ahora.

Hace siete años, en el medio del mar (estábamos en Mallorca), con mi amiga Luisa descubrimos una iniciativa que nos encantó: los Talleres Islados, estancias culturales en Menorca.

Hace menos de un mes, pude entender que esos momentos en realidad eran pistas de un camino secreto, que al final se unieron: participé en uno de los talleres en Menorca que dio Juan José Millás.

 

taller

 

La experiencia

El inicio fue una conferencia de Millás en la sala Albert Camus de Sant Lluís, repleta de gente interesada en escucharlo (esto me encantó: una ponencia abierta a los habitantes de Menorca, más allá de que hicieran o no el curso). Luego nos fuimos a cenar bajo los árboles de un restaurante italiano, en el que comenzaron las conversaciones —o quizá, una única y continua— que seguirían durante los días siguientes.

Viví algo que va más allá del encuentro con un escritor admirado y del cual quería aprender: fue un viaje al mundo de esos narradores itinerantes de fines del siglo XIX y principios del XX, desde Saki a Lawrence Durrell, incluso más allá de lo literario: se extendió a los momentos de descanso, a las comidas y a las charlas de sobremesa.

Reflexionamos sobre la literatura, desde un punto de vista que a lo mejor muchos no habíamos tenido en cuenta antes: como un espacio en el que más que informar, debemos expresar, sugerir los sentidos posibles, y no quedarnos con lo literal, que siempre tiene tono de expediente; a la vez, Millás nos enseñó a escuchar lo que escribimos, porque ya en las primeras ideas están las semillas de todo nuestro texto. No es fácil, pero si se logra, fluirá lo que realmente queríamos expresar desde el primer momento. Millás nos invitó también a empezar cada día desayunando un poema: un hábito sencillo que siempre mejora las mañanas. En esos días, leyó y escuchamos a Manuel Vilas, Idea Vigariño y a José Hierro.

Y mientras intentábamos escribir (y no “ser escritos” por la tradición y las convenciones de la lengua, que según Millás es un monstruo que nos encadena a reproducir lugares comunes), aprendimos a preguntarnos desde dónde están escritos los textos y qué transformación moral expresan: así podremos pasar desde un texto correcto a uno verdadero, a una narrativa que realmente tenga algo que contar. Una aventura peligrosa, pero que seguramente es el camino para escribir algo que resulte interesante de leer.

 

PD: el libro amarillento y releído lleva desde hace unos días, una dedicatoria del autor.

 

Más información sobre las estancias culturales:
Talleres Islados

http://talleresislados.net/

https://www.facebook.com/TalleresIslados/

https://twitter.com/islados

https://www.instagram.com/talleresislados/

 

Fotos: Silvia Omedes Alegre

 

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